La vara, como instrumento y definición tiene una amplitud de usos, significados y connotaciones. Si hablamos de usos, el más común y rudimentario, a pesar de estar hoy inmersos en omnipotente poder de las tecnologías, es llevar una vara en los paseos de campo como mero instrumento de entretenimiento, si arañamos en significado es símbolo de poder o autoridad, también en cuanto connotaciones podemos “dar la vara” desde la pesadez.
En fin que la vara puede tener diferentes medidas.
Hablando de diferentes medidas, la vara hasta no hace mucho tiempo ha sido utilizada como instrumento de medida, incluso podemos hablar del poder de la vara como medida de longitud, que aunque se adoptará con contundencia el sistema métrico decimal, la vara se ha seguido utilizando como unidad de medida, sobre todo el terreno de medidas agrícolas.
La vara es una antigua medida española, que oscilaba entre 0,912 metros a los 0,768 metros.
Para establecer la equivalencia de la vara con el sistema métrico, acudimos a quien fue historiador local y Cronista Oficial Honorario de nuestra vecina localidad de Villacañas Don Luís García Montes, que dice:
“La vara, y me refiero a la castellana, a la que se equipararon las medidas de otras regiones cuando la unificación de España y que ya está cumpliendo cinco siglo, nace, deriva, es divisora de la legua: esta medida itineraria de largos y ásperos caminos, que medían la resistencia física de los caballos, montados o uncidos, que establecían el servicio de transporte regular con horario fijo de llegada, como el tren, el autobús o el avión lo hicieron después.”
Por necesidades imperiales Felipe II adoptó la vara de Burgos, de 835,9 m/m hasta que en 1849 se introduce en España el Sistema Métrico Decimal”.
En Base a lo escrito por Luis García Montes en “Medidas Antiguas: La Vara”, se establece en 18.000 varas el recorrido de la I Carrera Palustre de los Humedales de La Mancha – lagunas de Villafranca de los Caballeros.
1 vara = 0,836 metros.
El alumnado de P5A ha descubierto dónde se encuentra en Burgos, anímate a descubrirla, pasea por Burgos.
La Edad Media se caracterizó por ser una época oscura, muy alejada de lo que sería posteriormente la Edad Moderna. Las guerras y las disputas por los territorios europeos entre las distintas monarquías marcaron muchos de los siglos que componen esta época, aunque también surgieron muchos lugares de ocio y juegos de mesa con los que los medievales se divertían cuando no estaban en el campo de batalla.
Alfonso X ‘El Sabio’ contribuyó de enorme manera a la hora de dejar constancia de los juegos de mesa que se practicaban en la Edad Media española. En su manuscrito ‘El libro de los juegos’ el monarca deja constacia de algunos de los juegos más populares a los que jugaba habitualmente. Se trata de un documento de 98 páginas con ilustraciones y con diferentes juegos de tablero y azar.
Ajedrez
Uno de los juegos más antiguos que se conoce. Desde las tierras lejanas de Persia e India llegó este juego que se mantiene de actualidad hasta nuestros días.
Tiene mucho sentido que en la Edad Media muchos reyes y mandatarios jugaran al ajedrez ya que se trata de un juego de estrategia que alimentaba la creatividad de los monarcas y de su corte. Durante esta época, el tablero original presentaba una serie de cambios que hoy en día no conocemos. Por ejemplo, el alfil era originariamente un elefante, o la torre era representada en los orígenes como un carro.
Todavía se guarda en el Museo Británico de Londres una muestra de este juego de mesa encontrado en la isla de Lewis y que es conocido como The Lewis Chessmen.
Raffle
Considerado el preludio de lo que hoy serían los juegos de tragaperras. El Raffle era un juego de tres dados donde los jugadores apostaban. El vencedor era aquel tirador que lograba sacar el mismo número en los tres dados.
Halatafi
Este juego tiene raíces vikingas y ya se menciona en la saga de libros islandesa de Grettir. Conocido como el zorro y los gansos, el juego consistía en que un jugador, que portaba la pieza del zorro, tenía que capturar el mayor número de gansos de sus rivales sin ser capturado.
Guirguiesca
En el "libro de los juegos" se menciona la Guirguiesca como uno de los juegos más populares del momento. Era un juego de azar con dados donde dos jugadores y tenían dos combinaciones de probabilidad conocidas como números de Azar (2,3,11 y 12) y combinaciones de Suerte (4,5,6,7,8,9 y 10). Una vez comenzaba el juego había varias tiradas donde se enfrentaban en ‘envíos’ los dos jugadores para obtener un número de Azar.
Los juegos eran normalmente sin juguetes, o estos eran muy elementales, se realizaban en grupo, algunos han seguido utilizándose tradicionalmente hasta nuestros días: andar en zancos, piñatas, jugar a bodas, bautizos, ...., gallinita ciega, juegos con arena, disfrazarse, ....
¿A qué jugaban los niños y niñas de la Baja Edad Media? , ¿jugaban juntos ambos sexos?
En el estado actual de la investigación son más las preguntas que pueden formularse que las respuestas que pueden ofrecerse. Cabe señalar que, hasta la fecha, todo parece apuntar que: en la primera infancia niñas y niños se divirtieron juntos y que no existieron maestros jugueteros especializados, de hecho cuando se quería obsequiar a los infantes e infantas se recurría a otros artesanos para que elaboraran determinados objetos.
ALGUNOS DATOS:
Tanto Huesca (como Zaragoza encargaron respectivamente a reputados maestros la confección de sendos juguetes para regalar al infante Juan, en 1352; los oscenses mandaron hacer un caballito de madera pintada con su silla, freno y arnés y pagaron por el mismo 75 sueldos jaqueses; 186 sueldos costaron a los zaragozanos los zancos pintados de verde y decorados con escudos reales 63. Juguetes carísimos, como los vestiditos para las muñecas que más de un siglo después encargaron los Reyes Católicos a un sastre de Valencia para regalar a las infantas que les esperaban en Barcelona. [...]
Fuente
ELEMENTOS PARA UNA HISTORIA DE LA INFANCIA Y DE LA JUVENTUD A FINALES DE LA EDAD MEDIA
María del Carmen García Herrero (Universidad de Zaragoza)
Según afirma Silvia Alfonso Cabrera, investigadora del departamento de Historia del Arte I (Medieval) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) los niños siempre se han fijado más en juguetes de madera.
Según esta historiadora los cuatro juquetes más populares de la Edad Media fueron: el sonajero, el caballito de madera, los pajarillos y las muñecas.
CABALLITOS Y MUÑECAS. El caballito de madera es uno de los juguetes más representados en la iconografía medieval y era uno de los juegos más populares entre los menores. “Le da al niño la capacidad de empatizar con las actividades de caballería propias del mundo adulto”, señala la investigadora en el trabajo.
El animal de madera podía ir acompañado de una vara alargada que terminaba en un molinillo y simulaba a una lanza. “El molinillo derivaba de una importante innovación técnica en la Edad Media, como era el molino de viento”, destaca Alfonso Cabrera.
En contraposición a este juguete masculino estaban las muñecas. A diferencia de las actuales, que pueden representar a bebés o a niños pequeños para que los cuide su dueña o dueño, las muñecas medievales representaban a mujeres jóvenes y adultas.
“Las niñas cuidaban de sus hermanos más pequeños, por lo que el rol de madre era cubierto, no en el plano del juego, sino con acciones reales”, recalca la investigadora.
De la muñeca medieval apenas se han conservado restos. Podían ser fabricadas por artesanos y con ropa a la moda, que iban dirigidas a niñas de clases nobles, o con materiales caseros para las pequeñas más pobres: muñecas de trapo cosido, o con nudos y estropajos envueltos en paños.
El sonajero, con un carácter mágico y profiláctico –para cazar malos espíritus y calmar el dolor de los dientes de leche–, se remonta a la Antigüedad. Su función más lúdica llegó unos siglos más tarde.
“El sonajero de materiales ricos, como oro, plata y perlas, era un artículo de lujo, para nobles y reyes. En los ámbitos más humildes era sustituido por un mendrugo de pan o por el propio seno materno, que servía para calmar a los más pequeños”, comenta la historiadora.
En cuanto al pajarillo, podía ser metálico, de barro cocido o incluso real, puesto que las representaciones que se conservan lo muestran atado con una cuerda. “Este tipo de juguetes en forma de pequeños animales eran entregados a modo de premio y su material dependía del estamento social al que perteneciera el niño y su familia”, indica Alfonso Cabrera.
Además de estos cuatro ejemplos, el estudio enumera otros juguetes típicos de la Edad Media que han perdurado hasta la actualidad: peonzas (trompos), cazamariposas, pequeños teatrillos con marionetas y dados.
“Es curioso observar cómo los niños son niños en cualquier época histórica. Muchas veces se entretienen con el objeto más nimio que nos podamos imaginar”, concluye la investigadora.
Uno de
los puentes más representativos y a su vez utilizados de Burgos es, sin duda,
el Puente de San Pablo. Esta estructura guarda una estrecha relación con la
figura del Cid Campeador ya que, en ambos costados, el visitante puede observar
esculturas pétreas de varios personajes relevantes en su historia. Las figuras,
que tienen tres metros de alto y están labradas en piedra de Hontoria,
representan a:
Doña
Jimena, esposa del Cid
Diego
Rodríguez, hijo del Cid
San
Sisebuto, abad del monasterio de San Pedro de Cardeña
Jerónimo
de Peribot, obispo de Valencia
Martín
Muñoz, conde de Coimbra
Martín
Antolínez y Álvar Fáñez, hombres de confianza del caballero castellano
Ben Galbón,
alcalde de Molina de Aragón y amigo del héroe burgalés
Octava pista
PLAZA DEL MIO CID
Siguiendo
el Puente de San Pablo -dejando al lado el Museo de la Evolución Humana, otro
imprescindible en la visita a Burgos- el Cid Campeador blande la Tizona al
galope de Babieca en una pose eterna que hace ya casi cincuenta años es el
emblema de uno de los puntos neurálgicos de la ciudad.
En el
pedestal sobre el que se sostiene la estatua ecuestre, dos inscripciones
recuerdan la figura de Rodrigo Díaz de Vivar.
A un
poco más de diez minutos de distancia del Paseo del Espolón, subiendo hacia el
Castillo, tres blasones rigen un espacio ahora vacío que otrora podría haber
acogido la casa del Cid Campeador. Aunque no existe fundamento histórico que
confirme esta sospecha, en 1784, el artista José Cortés edificó estos monolitos
con los escudos de Burgos y San Pedro de Cardeña. En el tercero de ellos,
situado en el medio de los otros dos, una leyenda conmemorativa con el blasón
del Cid cuenta el motivo de esta conmemoración.
Segunda pista
IGLESIA DE SANTA ÁGUEDA O SANTA GADEA
En la actual iglesia de Santa Águeda -o Santa Gadea-
ocurre uno de los momentos más recordados del relato, pese a no aparecer en el
propio Cantar del Mío Cid, en el que se cuenta que Rodrigo Díaz de Vivar obligó
al rey Alfonso VI a jurar ante los nobles castellano que no había tomado parte
en la muerte de su hermano Sancho II, rey de Castilla y valedor y amigo del Cid.
Tercera pista
CATEDRAL
DE BURGOS
Resulta
imposible hablar de Burgos sin detenerse en su icono más emblemático: la
Catedral de Santa María. El templo por excelencia en la ciudad, uno de los más
grandiosos y bellos del país, acoge -tras muchos expolios, vaivenes y leyendas-
los restos del Cid Campeador y de su esposa Doña Jimena, que descansan en la
nave central de la Seo, punto clave y de obligada visita en Burgos.
Imagen del fin de semana cidiano 2023
Cuarta pista
CATEDRAL DE BURGOS
La
puerta más importante a Burgos, el Arco de Santa María, cuenta en sus muros con
algunos de los hombres más poderosos de la historia. Entre ellos, mostrando a
los visitantes su afamada Tizona, el Cid Campeador luce orgulloso en esta
entrada que transporta a la época medieval a quien la transita. Se puede
encontrar el que dicen es el radio del brazo izquierdo de Rodrigo Díaz de
Vivar.
Imagen del fin de semana cidiano 2023
Quinta pista
LA
GLERA DEL ARLANZÓN
En el
punto intermedio entre el Puente de San Pablo y el de Santa María, en uno de
los paseos del margen del Arlanzón se encuentra un monolito de piedra que pasa
desapercibido para el ciudadano.
Para
el curioso que se toma un instante en apreciarlo, se descubre ante él otro de
los enclaves icónicos de Burgos. En el punto que referencia este monumento se
localiza la que, según el relato épico, fue la primera acampada del Cid
Campeador tras ser desterrado por el rey Alfonso VI.
Sexta pista
LA ESPADA
“TIZONA”
La
noble Casa de Miranda, en la calle homónima de la capital burgalesa, esconde
numerosos tesoros culturales y artísticos de la provincia. Pero entre todos
ellos, uno de los más llamativos es la que se considera como la espada que
empuñó hace casi mil años el Cid Campeador.
Desde
una vitrina custodiada, la Tizona deslumbra ahora en el Museo de Burgos para
todos aquellos que se quieran acercar a admirar tan legendaria arma.
El Cid, desterrado, sale de Vivar con un puñado de caballeros y la orden real de abandonar Castilla en nueve días, plazo que el Cid utilizará para dejar a sus hijas y a su mujer en el monasterio de San Pedro de Cardeña, pertrecharse, y reforzar su reducido grupo de fieles alistando a nuevos caballeros y soldados.
Descubre la ruta:
En tu camino hacia el Monasterio de San Pedro de Cardeña no dejes de visitar el barrio de Cortes cercano a la Cartuja de Miraflores y busca el gráfico del camino y las esculturas en la pared de su centro cultural.
Cantar de mío Cid. Cantar Primero. De Vivar a Burgos
“De los sos ojos tan fuertemientre llorando,
tornava la cabeça e estávalos catando.
Vio puertas abiertas e uços sin cañados,
alcándaras vazías, sin pielles e sin mantos,
e sin falcones e sin adtores mudados.
Sospiró mio Cid, ca mucho avié grandes cuidados,
fabló mio Cid bien e tan mesurado:,
-¡Grado a ti, Señor, Padre que estás en alto!