EL JUEGO SIEMPRE HA SIDO COSA DE NIÑOS
Los juegos eran normalmente sin juguetes, o estos eran muy elementales, se realizaban en grupo, algunos han seguido utilizándose tradicionalmente hasta nuestros días: andar en zancos, piñatas, jugar a bodas, bautizos, ...., gallinita ciega, juegos con arena, disfrazarse, ....
¿A qué jugaban los niños y niñas de la Baja Edad Media? , ¿jugaban juntos ambos sexos?
En el estado actual de la investigación son más las preguntas que pueden formularse que las respuestas que pueden ofrecerse. Cabe señalar que, hasta la fecha, todo parece apuntar que: en la primera infancia niñas y niños se divirtieron juntos y que no existieron maestros jugueteros especializados, de hecho cuando se quería obsequiar a los infantes e infantas se recurría a otros artesanos para que elaboraran determinados objetos.
ALGUNOS DATOS:
Tanto Huesca (como Zaragoza encargaron respectivamente a reputados maestros la confección de sendos juguetes para regalar al infante Juan, en 1352; los oscenses mandaron hacer un caballito de madera pintada con su silla, freno y arnés y pagaron por el mismo 75 sueldos jaqueses; 186 sueldos costaron a los zaragozanos los zancos pintados de verde y decorados con escudos reales 63. Juguetes carísimos, como los vestiditos para las muñecas que más de un siglo después encargaron los Reyes Católicos a un sastre de Valencia para regalar a las infantas que les esperaban en Barcelona. [...]
Fuente
ELEMENTOS PARA UNA HISTORIA DE LA INFANCIA Y DE LA JUVENTUD A FINALES DE LA EDAD MEDIA
María del Carmen García Herrero (Universidad de Zaragoza)
Según afirma Silvia Alfonso Cabrera, investigadora del departamento de Historia del Arte I (Medieval) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) los niños siempre se han fijado más en juguetes de madera.
Según esta historiadora los cuatro juquetes más populares de la Edad Media fueron: el sonajero, el caballito de madera, los pajarillos y las muñecas.
CABALLITOS Y MUÑECAS. El caballito de madera es uno de los juguetes más representados en la iconografía medieval y era uno de los juegos más populares entre los menores. “Le da al niño la capacidad de empatizar con las actividades de caballería propias del mundo adulto”, señala la investigadora en el trabajo.
El animal de madera podía ir acompañado de una vara alargada que terminaba en un molinillo y simulaba a una lanza. “El molinillo derivaba de una importante innovación técnica en la Edad Media, como era el molino de viento”, destaca Alfonso Cabrera.
En contraposición a este juguete masculino estaban las muñecas. A diferencia de las actuales, que pueden representar a bebés o a niños pequeños para que los cuide su dueña o dueño, las muñecas medievales representaban a mujeres jóvenes y adultas.
“Las niñas cuidaban de sus hermanos más pequeños, por lo que el rol de madre era cubierto, no en el plano del juego, sino con acciones reales”, recalca la investigadora.
De la muñeca medieval apenas se han conservado restos. Podían ser fabricadas por artesanos y con ropa a la moda, que iban dirigidas a niñas de clases nobles, o con materiales caseros para las pequeñas más pobres: muñecas de trapo cosido, o con nudos y estropajos envueltos en paños.
El sonajero, con un carácter mágico y profiláctico –para cazar malos espíritus y calmar el dolor de los dientes de leche–, se remonta a la Antigüedad. Su función más lúdica llegó unos siglos más tarde.
“El sonajero de materiales ricos, como oro, plata y perlas, era un artículo de lujo, para nobles y reyes. En los ámbitos más humildes era sustituido por un mendrugo de pan o por el propio seno materno, que servía para calmar a los más pequeños”, comenta la historiadora.
En cuanto al pajarillo, podía ser metálico, de barro cocido o incluso real, puesto que las representaciones que se conservan lo muestran atado con una cuerda. “Este tipo de juguetes en forma de pequeños animales eran entregados a modo de premio y su material dependía del estamento social al que perteneciera el niño y su familia”, indica Alfonso Cabrera.
Además de estos cuatro ejemplos, el estudio enumera otros juguetes típicos de la Edad Media que han perdurado hasta la actualidad: peonzas (trompos), cazamariposas, pequeños teatrillos con marionetas y dados.
“Es curioso observar cómo los niños son niños en cualquier época histórica. Muchas veces se entretienen con el objeto más nimio que nos podamos imaginar”, concluye la investigadora.
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